Transición profesional con propósito: claves estratégicas de un año bisagra

Hay años que se miden en resultados visibles: proyectos entregados, ingresos generados, metas alcanzadas. Y hay otros —mucho menos ruidosos, pero profundamente transformadores— que se miden en claridad.

Este no es un artículo de aprendizajes rápidos ni una lista de lecciones cerradas. Es una reflexión, construida a partir de una transición profesional real, de intentar, fallar, ajustar y volver a intentar.

Lo que comparto aquí son mis reflexiones que se convirtieron en aprendizajes, y aprendizajes que hoy guían cómo trabajo, cómo tomo decisiones y desde dónde construyo impacto.

Para mí, 2025 fue uno de esos años bisagra. No fue un año de hacer más, sino de ordenar mejor. De mirar hacia atrás, integrar procesos que comenzaron a gestarse a mediados de 2023 y reconocer que, cuando la experiencia se convierte en estructura, el crecimiento deja de ser reactivo y empieza a ser consciente.

Esta reflexión nace de mi propia transición profesional con propósito, un proceso que me llevó a replantear cómo crecer, trabajar y generar impacto en esta nueva etapa.

Una transición que no ha sido lineal

La transición del mundo corporativo al mundo del emprendimiento, iniciada a mediados de 2023, ha sido una auténtica montaña rusa emocional.

Ha habido momentos de enorme motivación, claridad y energía, y otros de duda, cansancio y cuestionamiento profundo. Pasar de un entorno corporativo —con estructura, recursos, equipos, procesos y soporte— a un camino mucho más autónomo implicó algo más que cambiar de rol: implicó reaprender a sostenerme, a decidir sin red y a construir estructura donde antes ya existía.

Lo paradójico es que muchos de los conceptos que durante años apliqué con facilidad en organizaciones —estrategia, gobernanza, sostenibilidad, planificación— se volvieron más complejos cuando tuve que aplicármelos a mí misma.

Ahí apareció uno de los aprendizajes más importantes de este proceso: saber algo no significa poder ejecutarlo sola, sin fricción ni acompañamiento.

Intentar, fallar y mantener el propósito

Emprender también ha significado intentar y fallar. Ajustar. Escuchar feedback —a veces incómodo, a veces revelador— y decidir qué integrar y qué soltar.

Pero, sobre todo, ha significado mantenerme fiel a mi propósito. No al propósito abstracto, sino al que responde a una pregunta muy concreta: ¿cómo quiero vivir y trabajar la segunda mitad de mi vida?

Esa pregunta se convirtió en brújula: No para evitar errores, sino para elegir cuáles valen la pena. No para eliminar el miedo, sino para que no sea quien tome las decisiones.

El valor de la mentoría (incluso cuando eres mentora)

Soy mentora de negocios. Acompaño a otros a clarificar, estructurar, validar y escalar.

Y precisamente por eso, uno de los aprendizajes más claros de este proceso ha sido reconocer algo fundamental: todos necesitamos un mentor, en cualquier etapa del negocio o de la vida profesional.

Todos tenemos puntos ciegos. La mirada externa —la de alguien que no está emocionalmente involucrado y que ya ha estado ahí— ayuda a ordenar, a priorizar y a decidir con mayor perspectiva.

La mentoría es clave para:

  • crear un producto mínimo viable,
  • escalar,
  • redefinir modelos,
  • o simplemente sostener el proceso cuando aparecen las dudas.

Dejarte guiar no es una señal de debilidad, sino de madurez estratégica. Es algo que valoro profundamente, incluso —y especialmente— desde el rol de mentora.

El poder de las alianzas para ampliar impacto

Otro elemento decisivo de este 2025 fue el rol de las alianzas estratégicas.

Durante el 2025 trabaje conscientemente en generar y fortalecer alianzas con personas y organizaciones que complementan mis competencias, y con quienes es posible construir propuestas más sólidas, más integrales y con mayor impacto.

Las alianzas no son solo colaboración puntual. Son una forma de diseñar estructuras compartidas, donde cada parte aporta lo que mejor sabe hacer y el resultado es mayor que la suma de las partes.

Gracias a estas alianzas fue posible:

  • ampliar la oferta de servicios,
  • acceder a nuevas conversaciones estratégicas,
  • y escalar impacto sin perder coherencia ni propósito.

Este año reafirmé algo que sostengo desde hace tiempo: la colaboración consciente es una estrategia de crecimiento sostenible.

De ejecutar proyectos a diseñar sistemas

En 2025, todo este proceso empezó a ordenarse.

Gran parte de mi trabajo dejó de centrarse en proyectos aislados para enfocarse en el diseño de sistemas: sistemas de gobernanza, de sostenibilidad financiera, de movilización de recursos y de toma de decisiones estratégicas.

La diferencia es profunda: Un proyecto resuelve un problema puntual, mientras que un sistema permite que el impacto se sostenga incluso cuando la persona ya no está.

Ese mismo principio empezó a aplicarse también a mi propio camino como emprendedora: menos improvisación, más estructura consciente; menos urgencia, más intención.

Posicionamiento con profundidad y rol de confianza

Otro aprendizaje clave de este año tuvo que ver con el posicionamiento profesional.

No se trata de estar en todos lados, sino de estar donde tiene sentido. De participar en conversaciones relevantes, con criterio y coherencia.

Ese enfoque más selectivo fue dando paso, de forma natural, a un rol distinto: el rol de confianza. Ser convocada no solo para ejecutar, sino para pensar, cuestionar y acompañar decisiones complejas junto a líderes y equipos.

En contextos de incertidumbre, la confianza y la gobernanza dejan de ser conceptos teóricos y se convierten en activos estratégicos.

2025 como año bisagra

Mirado en retrospectiva, 2025 no fue un cierre, sino un año bisagra.

Un año en el que muchas piezas —emocionales, profesionales y estratégicas— empezaron a encajar. Un año que dejó listas las bases para una etapa más enfocada, más selectiva y con mayor impacto.

No todos los años están hechos para acelerar. Algunos están hechos para ordenar, para revisar con honestidad qué funciona, qué ya no y qué necesita transformarse antes de dar el siguiente salto.

Cuando la experiencia se convierte en estructura —y el propósito en brújula— el crecimiento deja de depender solo del esfuerzo individual y empieza a sostenerse en sistemas, relaciones y decisiones que perduran.

Más que respuestas, este 2025 me dejó un marco más claro desde el cual seguir construyendo. Y en esta etapa, esa claridad es, en sí misma, una forma de impacto.

 

Si estás en un momento de transición —personal o profesional— y sientes que necesitas más claridad que velocidad, este espacio también es para ti.

Acompañar procesos de orden, reflexión estratégica y crecimiento consciente es parte de lo que hago.